Varios autores se han cuestionado la pertinencia del establecimiento de géneros literarios. Lo cierto es que la adscripción de un libro a un determinado género literario, define la forma en que nosotros, los ingenuos lectores, nos aproximaremos al volumen. Qué pasa, sin embargo, si de pronto nos encontramos con un libro que parece apostar por una suerte de libre albedrío escritural. Es decir, un libro que articula una sola imagen, la de la creación literaria en el más amplio sentido del concepto. Eso es justamente lo que sucede con este texto, el tercer título nacido de la pluma de Nelson Guzmán. Un libro que tiene una cierta lógica definida, quizás, por un estilo ya maduro y completamente reconocible en el autor. Así, entre sus páginas encontramos poemas, crónicas, reseñas de textos bien conocidos y cuentos que juegan constantemente con los límites de la narración. La pericia del autor es identificable y el manejo de lenguaje parece adecuarse dependiendo del tipo de texto que incluye. Se tiene así poemas como “Esa cosa”, el texto que abre el libro con un magnífico ejercicio de metalenguaje. Por esa misma línea tenemos “El cantar de la gesta del Chaco” que juega hábilmente con la narración historiográfica, presentando un relato histórico que devela el rigor de la investigación que lo sustenta y una pericia envidiable en cuanto a la forma. No en vano, este texto fue premiado en un concurso realizado fuera de nuestras fronteras.
No está de más detenerse en los poemas que rescatan palabras que, en su momento, marcaron episodios impactantes en la historia de Bolivia: “Testamento bajo el brazo” y “Orden paz y trabajo” son dos de aquellos que parecen susurrarle al lector algo vinculado con la memoria. Con una memoria colectiva imposible de ignorar están los textos con una fuerte carga histórica y social. Finalmente, se encuentran las crónicas. Textos que van recuperando las técnicas de la narrativa de ficción con las de investigación de textos de no ficción. Y qué mejor que cerrar la introducción en este 2026, año de Mundial de Fútbol, leyendo “Rozando la Gloria”, para recordar la vez aquella, en 1994, en que la Selección Boliviana de Fútbol llegó a un Mundial.
Lourdes Reynaga

