Cantar de la Gesta del Chaco

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Resuena en el tiempo el Cantar de Gesta del Chaco Boreal. Allá por el siglo XIX, dos hermanos reclamaban para sí sus 650.000 kilómetros cuadrados, aduciendo que su madre, la vieja España, se los cedió en herencia virreinal. Detentan ambos: Testamentos de otorgamiento de adelantados, límites de virreinatos-audiencias-gobernaciones-capitanías y obispados. ¡Oh!, ironía del legado, todos superpuestos, ninguno mejor que el otro. ¿Cómo aplicar, entonces, el principio americano de Uti Possidetis Juris de 1810?

Independizados ambos de la tiranía de la madre, quieren marchar solos sin tener disputas hereditarias; negocian, esgrimen sus argumentos, los dos tienen la razón, lo que equivale a que ninguno la tiene. Buscan a terceros emparentados para que diriman, como neutrales, su controversia y aquellos complacidos aceptan, aseverando impedir una pelea fraterna, (pero cuidarán de no afectar sus propios intereses).

Se suceden tratados como fichas en el calendario del 1800, y se dan en 1879, 1883, 1884. Cambia el siglo y en 1907 se suscribe uno funesto para uno de los hermanos, alentado en su pronta firma por la hermana del sureste. Colérico el afectado, intenta anularlo; vanos sus desvelos, no puede, está en vilo. Al tener la espada de Damocles por incrustarse, llega cabizbajo a 1913 suscribiendo el tratado Mujía–Ayala. Los hermanos se comprometen, por conveniencia comercial, a un arreglo de límites en dos años, sino lo lograran, se someterán a un arbitraje, en tanto seguirá estipulado el Statu quo de 1907.

SE CALDEAN LOS ÁNIMOS ESCARAMUZAS CULPABLES

Variantes en el tiempo, otras mentes, otras memorias, resquebrajan la no agresión pactada. Suceden pequeñas escaramuzas que hieren la integridad y dignidad del atacado. Denigran el recuerdo y mala fe del agresor.

Y fue el inicio… trágico día aquel, para el teniente Rojas y su gente, que patrullando por el río Confuso, encontraron a soldados sin armas, del Fortín Sorpresa, quienes los invitaron a visitar el fortín y sin razón los detuvieron. Se dio Rojas a la fuga y un soldado le disparó. Fue el primer oficial paraguayo fallecido en el Chaco el 25 de febrero de 1927 y una deshonra para el sargento boliviano.

Los hasta ahora hermanos recelosos empezaron a armarse. Bolivia estaba avergonzada del infortunado hecho. Paraguay esgrimió la agresión y lo convirtió en héroe ¡Gloria al Tte. Adolfo Rojas Silva!, inspirador de juventudes para la defensa de la patria.

A ambas puertas llamaba insistentemente la “Prudencia”, sensatez para calmar los ánimos. Había que escucharla; era lógica y necesaria. Sabían los dos que enfrentarse sería fatal y por ello subsanaron el problema.

El 5 de diciembre de 1928 esta vez Paraguay, con el teniente Ortigoza, atacó un fortín. El comunicado oficial protestaba “Fuerzas de 300 paraguayos, atacaron e incendiaron el fortín boliviano Vanguardia con 25 hombres, hay bajas y oficiales y soldados prisioneros. La agresión compromete el honor, la soberanía y la dignidad de Bolivia”. Subteniente Antonio Arébalo, primer fallecido boliviano.

Con la afrenta recibida y en honor a la patria, en represalia, el presidente Hernando Siles ordena su reconquista, mas, el camino estaba inundado y no se podía llegar a ese destino, por lo que en su lugar toman el fortín Boquerón; por mediación Panamericana, a la que se adscribieron ambos países, Paraguay reconstruyó Vanguardia y Bolivia devolvió Boquerón.

DE CANTAR DE LA GESTA A LA EPOPEYA CHAQUEÑA

El año 1932 gobernaba en Bolivia Daniel Salamanca, “El hombre símbolo” por su trayectoria legislativa, con honradez y dedicación a la causa pública. Salamanca el que antes, como parlamentario, quería aprovechar la coyuntura de la toma del fortín Vanguardia para trasladar el ejército al Chaco e iniciar la guerra, aludiendo que los tratados y negociaciones eran una pérdida de tiempo. Ya de presidente, al analizar la pésima situación financiera del país, propuso suscribir un pacto de no agresión, pero sin dejar de lado la penetración al Chaco.

Con 50.000 libras esterlinas prestadas sin intereses, por el barón del estaño Simón I. Patiño, se construyeron por el norte los fortines de Aroma, Baptista, Florida, Ingavi y Picuiba, y al sur Bolívar, Camacho, Fernández y Loa. Se instruyó al capitán Víctor Ustáriz el mejor explorador del ejército, trazar un camino de sur a norte, que una el fortín Camacho con el Baptista, distantes entre sí, como a doscientos kilómetros.

Como tardaba Ustáriz en retornar al fortín Camacho, un avión despegó a buscarlo desde el aire, en él también estaba el Mayor Moscoso. A los setenta minutos de vuelo divisaron una enorme laguna en medio del desértico paisaje chaqueño, a sus orillas había casuchas precarias que seguramente eran un fortín, que parecía abandonado.

Agua en el desierto del Chaco, ¡Increíble!, la noticia fue llevada por el Jefe del Estado Mayor al palacio de gobierno, se instruyó que averiguasen el misterio del fortín abandonado. Salamanca ordenó que no se genere conflicto, ni rozamiento con el fortín paraguayo. El Estado Mayor telegrafió al comandante, que las negociaciones de neutrales en Washington definirán por las posesiones más avanzadas. Urgente ocupación laguna.

Al amanecer del 15 de junio de 1932, tres oficiales y veinticinco soldados del Regimiento Lanza a órdenes del Mayor Oscar Moscoso, ocuparon la laguna haciendo correr a cuatro soldados paraguayos de los cinco que cuidaban el Fortín Carlos Antonio López, dando muerte al cabo Oliverio Talavera. Salamanca ordenó que Moscoso abandone de inmediato el fortín. El Gral. Osorio instruyó que desocupasen y por abajo, ordenó al Coronel Enrique Peñaranda que represente la orden, mandando el telegrama dictado desde el Estado Mayor de La Paz. “… su orden de posesionarse en la orilla oriental cumplióse, el fortín paraguayo está a 600 metros en la otra orilla”.

Gran mentira originaria del desastre. Sí, estaban a esa distancia, pero no en la otra orilla. El fortín fue llamado Mariscal Santa Cruz y a la laguna Pitiantuta se la renombró como Chuquisaca. El Estado Mayor instruyó a Moscoso “Debe mantenerse en la orilla Occidental”. En realidad estaba al otro lado ¿El Estado Mayor culpable del inicio de la guerra?

El 15 de julio de 1932, Paraguay al mando del Capitán Abdón Palacios con once oficiales y 372 combatientes, entró en combate contra los 170 bolivianos, la casi totalidad de esos hombres abandonaron la defensa, Moscoso con solo catorce combatieron un poco más y luego también huyeron, por lo que Paraguay retomó el lago y el fortín.

Al día siguiente corrió el rumor “… se está combatiendo en el Chaco, la guarnición de laguna Chuquisaca ha sido pasada al degüello”. Los periódicos publicaron el parte del Estado Mayor: “El día 15 de julio nuestro fortín Mcal. Santa Cruz, ha sido rodeado por más de 300 paraguayos, se continúa combatiendo”. El pueblo estaba indignado por la agresión, el parte no aclaró que el fortín nunca existió, y que exactamente un mes antes, fue Bolivia la que tomó el fortín López y la laguna Pitintuta, que poseía el Paraguay hace un año.

Los bolivianos exigían venganza, que Salamanca hiciera lo mismo que Siles, que tomara otro fortín en represalia. Bajo la presión del pueblo y los militares, el presidente instruye que se tomen los fortines Corrales, Toledo y Boquerón, arengando desde el balcón del palacio “… a que nos sacrifiquemos todos en defensa de la patria”.

Esos mismos militares, que tenían intenciones bélicas para llenarse de gloria y por ambiciones personales, se dieron cuenta de que Paraguay en un mes podría tener en el lugar 8.000 hombres contra 2.000 que lo harían los bolivianos.

EPOPEYA DE UNA GUERRA ESTÚPIDA

Dentro del Género Épico, pasamos del Cantar de la Gesta a la Epopeya, que resalta el camino del héroe, siempre relatado desde el punto de vista del que la escribe, sin dar la voz al otro, al contrario, al enemigo. Escrito para los de acá y no para los de allá. Esta epopeya parte de la hermandad descrita en un principio. Pretende, por tanto, hacerla con la ecuanimidad de los dos lados de la moneda, que a veces cae cara y otras, escudo. Partimos, para ello, del Adjetivo puesto a la guerra por nuestro gran escritor Augusto Céspedes.

¡Tarííí, tarííí! Suenan las trompetas. ¡A las armas! Armaos todos, que la Patria os reclama. Pulir sables, cargar fusiles y metrallas, vamos todos al Chaco a combatir con denuedo, esto es, arrojo y valentía se os exige. No importa el sacrificio, la guerra lo requiere, la batalla lo conmina. A pelear, soldados, por la dignidad proscrita de vuestro Estado y la grandeza ambicionada de oficiales. Madres-esposas-hermanas-novias entregad sin recelo a vuestros hijos-maridos-hermanos-prometidos a este ejército glorioso y a la parca que lo acompaña. Entregadlos dichosas, son soldados combatientes, futuros héroes y mártires, que hoy marchan con banderas y estandartes a enfrentar en lucha a sus iguales.

¡Trrram, trrram! Suenan los tambores. ¡Alistaos! ¡Alistaos! La Patria os demanda. Tomad las armas, rifles y cañones, El Chaco es vuestro y debéis defenderlo. Marchen todos al combate para bloquear poniendo el pecho a balas osadas en traspasar la retaguardia. Agiten pañuelos, mujeres, despidiendo a vuestros bravos reclutados, con orgullo y sin tristeza que la patria grande lo reclama. A calar bayonetas y luchar cuerpo a cuerpo, sin mirar al contendiente que cual espejo te contemplas.

Al asalto, mis valientes, que esta historia la escribe vuestra sangre en la arena. Pilas y bolis cara a cara enfrentados por la tierra. Bolis y pilas yacen yertos en esa tierra, al fin, unidos, entremezclados, en el final de sus sueños y anhelos.

Nueve de septiembre de 1932, Boquerón en defensa, llenos de orgullo y balas la trinchera de sus cuerpos dejaron seiscientos setenta heroicos, en veinte días de combate, hasta entregar su piel seca sobre huesos. La prensa argentina comentó: “En Boquerón están escribiendo, unos pocos soldados, la más bella página del heroísmo americano”. Levantaron la bandera de capitulación honrosa para retirarse a Yucra, fue interpretada como rendición, y ahí acabó.

Entró al fortín con sus 9.000 soldados, el vencedor estupefacto contempló la sombra del Teniente Coronel Manuel Marzana y su reducido grupo de espectros valientes. El andar de famélicos prisioneros y sonrientes guardianes se detiene ante un cuerpo entre los cuerpos, el de Ustáriz héroe y mártir, que fue en vida admirado y venerado cuando muerto.

Llegó el ejército triunfador, con el Teniente Coronel Ayala y el Mayor Fernández a la cabeza, algarabía en Asunción, aplausos y vivas a su paso y un extraño silencio al contemplar a los escuálidos prisioneros. Eusebio Ayala, Presidente del Paraguay, en noble discurso los homenajeó: “Los oficiales y soldados que se batieron en Boquerón y son nuestros prisioneros se comportaron con tal bravura y coraje, que merecen todo nuestro respeto”.

CARGA DE CABALLERÍA

Ahora hermanos, montad vuestros briosos corceles y empuñad las armas, para el ataque sorpresivo a la defensa mal pertrechada en Corrales, Toledo y Boquerón. Es el pueblo que os reclama lavar la afrenta del fortín Mcal. Santa Cruz. Poco importa a oficiales el fatal desenlace de dos hermanos, enfrentados en tan triste lance.

¡A la carga con una baqueta en el borde! Dos hermanos que son pueblos insidiosamente enemistados. A cabalidad cumplen su designio, con el corazón apretujado. Se os pide que combatan por la discordia histórica, no negociada. Levantad vuestras espadas con rabia descontrolada; a un lado la cordura, a un lado las palabras. Se os dice que la razón es vuestra y que Dios os acompaña, como si Él tomara partido por uno u otro en la contienda. Las conciencias capturadas por fervor a las fronteras, que injustamente nos separan.

¡Con dos baquetas en el borde! Entrelazados en cruz, recordad que el Bendito pidió al Padre su perdón. No sabéis lo que hacéis, dándoos muerte entre hermanos. No quiera la pasión envilecer el sentimiento, un juramento obliga a estar en la contienda, y un corazón puro se reciente al herir al ahora adversario. Se os lleva a la arena blanca a teñirla con la sangre derramada.

¡Con una baqueta en el borde y una baqueta en el cuero! Ya en lucha la reflexión es negada; el impulso no os detiene y se cruzan las espadas. En combate se forjan con temple de héroes en bando y bando: Víctor Ustáriz, Manuel Marzana, Rafael Pabón, Germán Jordán, Germán Busch, Bernandino Bilbao Rioja, entre otros inmortales. Félix Estigarribia, Rafael Franco, Luís Irrazábal, Manuel Irala, Francisco Caballero, Eugenio Garay, Francisco Brizuela, Adolfo Rojas, Francisco Andino y más, por el lado paraguayo.

¡Con dos baquetas en el cuero! Los candidatos a héroes son los soldados olvidados. Pilas aclimatados en el Chaco con machetes y morteros avanzan al Parapetí. Bolis en tierra extraña con bayonetas caladas, el Río Paraguay es su meta. Ellos ponen su frágil cuerpo al metal que los desgarra. No hay honores para ellos, ni vítores, ni medallas. Cargan el peso del cansancio, de las armas y del polvo pegado a sus espaldas. Son los ignotos de los libros, ni figuran en estampas, solo lágrimas de sus madres los recuerdan en la estacada. Perdidos en entrañas del monte, rezan en silencio, ver el sol en la mañana.

¡Con una baqueta en el cuero y una maza en el borde! Es el aire envilecido con cuerpos fenecidos abandonados a gallinazos carroñeros, gusanos y otros bichos que devoran sus entrañas. No hay túmulo por encima, ni cruz que la señale, solo hay restos ennegrecidos de cristianos desechados. El suelo polvoriento se levanta sin temor, cubre a vivos, cubre a muertos sin ninguna distinción.

¡Con una maza en el borde y una maza en el cuero! La batalla continúa y Nanawa se defiende ante la absurda displicencia de despreciar la vida combatiente. Triunfos se obtiene con facilidad al principio, Boquerón, Corrales y Toledo, aunque después se los pierda, con denuedo renovado, en Cañada Strongest, kilómetro 7, Caigua, Picada Tunari, Ñancorainza, Abra de Ururigua, Cambeití, Taiguati, Charagua, Boyuibe, Huirapitindi, Parapetí y la defensa de Villamontes testifican el esfuerzo alcanzado. Levantad esos puños indignados y golpead al destino por antihéroes señalados. La historia nos recuerde quiénes fueron los culpables de la muerte de 50.000 y 25.000 prisioneros, de los 200.000 movilizados.

¡Con dos mazas en el cuero! Y fueron tantos puestos defendidos y otros ganados, que se grabaron en la memoria de un pueblo vencedor: Boquerón, Nanawa, Aliguatá, Samaklay, Gondra, Cañada del Carmen, Yrendagüé, Isla Poí, Ballivián, Sorpresa, Ingavi, Campo Vía, Parapetí, Pitiantuta, entre otros En estos campos murieron 40.000 y 2.500 cayeron prisioneros de 150.000 movilizados.

¡Con una maza en el cuero y una maza en el borde! Hermanos en contienda, inadvertidos de un enemigo más poderoso e implacable, monstruo camuflado en millones de tentáculos y garras hirientes, que sujetan, rasgan y estrujan, ávidos de sangre. Un ser de engañosa realidad, impide el avance, corta la retirada. Estorbo impertinente de límpidas miradas en su ardiente laberinto. Desorienta, aprisiona y succiona la vida de aquellos desventurados que osaron entrar en sus dominios tenebrosos. Haciendo gala de su perversidad, infringe temor, luego pánico a sus víctimas extraviadas, calcinado huesos para que sean el polvo y la arena de donde emerja.

¡Con una maza en el borde y una baqueta en el cuero! El temible monstruo no anda solo, tiene un atroz y mortífero aliado, de peligrosa sutilidad, mata en ausencia, sin su presencia alucinan, enloquecen y desfallecen, revolcándose de angustia primero y dolores tan intensos que claman a Dios por una muerte rápida, antes que su fuerza constrictora una el pecho con la espalda, informe acartonado, reseco espectro y sombra de un soldado muerto por inanición.

¡Con dos baquetas en el cuero! Hasta lo peor de ese tenebroso bosque de zarzas, caraguatas y tuscales, tuvo una virtud: Su desquiciante maraña impidió ver la cara del adversario; solo se disparaba en los pajonales a larga distancia, después era al ruido, a la sombra, al fulgor, al movimiento imperceptible, al presentimiento y al temor. Solo cruce balístico de rifles, cañones y morteros. No se veían entre sí, no cruzaron espadas ni bayonetas, no hubo combate cuerpo a cuerpo. La flora del Chaco lo evitó y se odió más al Chaco desalmado, que al eventual enemigo infortunado.

¡Con una baqueta en el cuero y una baqueta en el borde! …Y en la noche, jóvenes que debían soñar y recordar con una sonrisa o con lágrimas a su madre y a su novia, no pueden. Les asustan los sonidos de la fauna del Chaco, tienen que lidiar con la sed, los mosquitos marihues polvorines piojos garrapatas y con víboras rococós ratas y otras alimañas. El calor los desespera, el hambre devora sus entrañas, el sin mañana los desvela. No pueden sonreír con labios resecos, no tiene ni una lágrima para verterla. No saben dónde están, no saben si vivirán, no saben si hay enemigos al frente, no saben si verdaderamente lo es, no saben a dónde ir, no saben si volverán a ver su tierra y sus seres queridos, no saben…

¡Con dos baquetas borde! Por los historiadores con cuyo trabajo develamos esa funesta guerra. Paraguayos: Leandro Aponte, Víctor Ayala Queirolo, Raimundo Rolón, Ricardo Scavone y Julio César Chaves. Bolivianos: Julio Díaz Arguedas, Roberto Querejazu Calvo, David Alvéstegui, Rogelio Ayala, Jaime Mendoza y muchos más.

¡Con una baqueta al borde! Por los escritores de la guerra. Bolivia: Adolfo Costa du Rels, Augusto Céspedes, Augusto Guzmán, Oscar Cerruto, Jesús Lara, Luis Toro, Fernando lturralde, Eduardo Anze, Porfirio Díaz, Gustavo Otero, Nelson Guzmán y Juan Quirós. Paraguay: Augusto Roa Bastos, Hugo Rodríguez-Alcalá, Amaldo Valdovino, José Villarejo, entre otros.

¡ALTO! Los dos bravos combatientes, fatigados y desangrados, ven la luz de una paz pactada con ansias de abrazarse y fundirse en fraternal cariño. La guerra declarada por Paraguay el 10 de mayo de 1933, ha terminado a las 12:00 horas del 12 de junio de 1935 con la firma del protocolo de paz, y el 21 de junio de 1938, se firmó el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre las Repúblicas de Paraguay y Bolivia.

… Silencio… Por ustedes, lectores, que os dignasteis con benevolencia escuchar este canto paraguayo y lamento andino. Ahora, poneos de pie y honremos con un minuto de silencio a los combatientes del Chaco que se batieron en un absurdo e incomprensible combate.

Artículo de Página 7 (18-06/2023)

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13 comentarios

  1. Tenía tres impresiones de la Guerra del Chaco. La primera, del relato de mi abuelo, la de un humano sufriendo en un lugar parecido al infierno. La segunda, del rastro que me dejó la lectura de «Masamaclay», de un autor que mi memoria se niega honrar como se debe. Y la tercera, del haber compartido una noche de guitarreada y vinos con unos colegas paraguayos en Filadelfia, un árido lugar del chaco paraguayo. Y visitar el museo dedicado a la guerra, y así un cierre como punto de equilibrio en mi mente. Finalmente toda guerra es estúpida, pero es parte de nuestra esencia humana, perversamente nuestra. Ahora leí el artículo de Nelson, y tengo una nueva impresión con el olor ferroso de la sangre…noventa y tantos años después. Lo llamaré «mérito literario» a falta de otra frase más creativa.

  2. Igor Patzi Sanjines: Leí tu comentario sobre el Cantar de la guerra del Chaco, que bueno que hayas rememorado los relatos de la guerra contados por tu abuelo y como sufrieron los combatientes bolivianos en ese infierno verde. La segunda de tu lectura de Masamaclay de Roberto Querejazu Calvo, sin ninguna duda la palabra más autorizada sobre esta contienda. Tu vivencia en el chaco paraguayo. Y al final tu comentario sobre mi cantar o epopeya que llamaste «merito literario» conclusión por la que me siento muy horado, muchas gracias por expresar tu comentario

  3. En el Cantar de la Gesta de la Guerra del Chaco, Nelson Guzmán describe con sentido dramático-trágico los preparativos para la guerra y la guerra misma, con tono casi irónico la ilusión de ir al»Chaco» y la sed de victoria. La triste realidad de la pobreza del ejército y la obsesión desmedida de poder de los jefes que nos lleva al entrenamiento entre hermanos y el sacrificio de muchas vidas.

  4. La combinación del escrito de Nelson Guzmán S. entre cantar y epopeya sobre un hecho trágico para Bolivia como fue la guerra del Chaco, nos hace vivir con información de fechas importantes, para comprender mejor el hecho que se consumó entre 1932 y 1935 entre los habitantes de dos países de recursos limitados como eran Paraguay y Bolivia, donde los miles de muertos principalmente soldados de las clases más pobres de los dos países son llorados y recordados por sus familiares sin remordimiento del país que los envío a tan cruenta batalla, especialmente para los soldados altiplánicos.

    1. Tienes toda la razón, estimado Francisco Guachalla, muchos murieron entre zarzas y espinas, secándose y siendo devorados por la naturaleza, sin que sus familias pudieran velar sus restos.

  5. Relato dramático que ocurrió entre Bolivia y Paraguay, producto de la guerra entre dos empresas petroleras, que creían que el Chaco era un inmenso campo petrolero y que al final no hubo petróleo. Víctimas bolivianos y paraguayos.

    1. Sí, estimado Rául, el ejercito paraguayo estuvo muy cerca de entrar al territorio boliviano y a sus campos petroleros, menos mal que no lo consiguió.

  6. Respecto al asesinato de Rojas Silva, un estudio de Nicolás Richard – “La tragedia del mediador salvaje” desarrolla un capitulo dedicado al sargento Tarija, analizando el incidente Rojas Silva como mito fundacional de la alianza boliviano-indígena en la prensa paraguaya. Explica que Tarija era un niño nivaclé capturado años antes y que su rol fue exagerado por la propaganda. La muerte de Rojas Silva es considerada el primer incidente grave que escaló las tensiones hacia la guerra abierta de 1932.
    En la prensa y narrativa paraguaya de la época, Tarija aparece como el principal responsable (jefe de la “montonera chulupí”). Es un tema intesante, invisibilizado y me parece muy oportuno que usted lo mencione en tan importante memoria histórica

    1. Ana Carola Pol, muchas gracias por ilustrarme sobre el asesinato de Rojas Silva, lamentablemente no leí el estudio de Nicolás Richard, lo haré para poder opinar. Empero en la historia esta registrado, que el Sargento boliviano de apellido Tejerina, fue quién causó la muerte del teniente paraguayo. Como usted comprenderá, para elaborar esa pequeña gesta, tuve que leer varios libros para documentarme, algunos por cierto muy contradictorios entre sí. En todo caso no he escrito un libro de historia, solo una especie de epopeya ficcional. Cuando consiga leer el estudio podría confrontar hechos históricos. Le agradezco verdaderamente por comentar y ampliar mis conocimientos.

      1. Adjunto la aseveración de Nicoläs Richard: El primer individuo es el Capitán Pinturas,
        cacique chamacoco que participó en las exploraciones militares
        paraguayas en el Alto Paraguay, que estuvo al mando de una efí-
        mera “caballería chamacoco” y que combatió con el ejército para-
        guayo durante la guerra. El segundo es el Sargento Tarija, mucha-
        cho nivacle reclutado y formado por el ejército boliviano, luego
        desertor y capitán de una fugaz montonera que asoló la banda
        del Pilcomayo. El tercero es el Cacique Chicharrón, baqueano
        tomaraha que acompañó las exploraciones militares paraguayas
        hasta la laguna Pitiantuta, al centro del Chaco. Seguiremos a es-
        tos “mediadores” a través de los tres momentos principales del
        acontecimiento: la década de exploraciones y fundaciones mili-
        tares que precedió al conflicto (1922-1932), los años de la guerra
        propiamente dicha (1932-1935) y por último, la década siguiente
        (1935-1945) que es la de la reorganización del espacio indígena
        bajo tutela estatal. De todas formas, el Sgto. Tejerina según unos o el Sgto. Tarija según Richard, no altera el hecho de que fue un asesinato y casi provocó la guerra.

  7. Exacto, no altera el hecho de que fue un asesinato, existen imprecisiones en varios textos. Lo importante es reflejar que el asesinato fue uno de los detonadores de la guerra, diriamos por una agresion anticipada. Por mi parte escribi un cuento con contenido historico sobre la tematica que en algun momento me gustaria compartirlo con usted.

  8. Ana Carola Pol, sí, lamentablemente no altera el hecho, pero ese suceso pasó sin mayores consecuencias. Fue la toma de la laguna Pitiantuta y las acciones posteriores que generaron la guerra. Estaría encantado de leer tu cuento mi Wapp es 70621611, puedes mandarlo ahí o al correo electrónico, muchas gracias por comentar.

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